A veces, en nuestra vida profesional, sufrimos el «síndrome del camello». Encontré esta fábula, sin atribución de derechos de autor, y no he podido resistirme a adaptarla y traerla aquí.
Una mamá camello y su bebé descansaban a la sombra de unos cocoteros en un oasis situado en medio de un desierto africano. De repente, el pequeño camello, al que su mamá había contemplado pensativo durante varios minutos, preguntó:
—Mamá, ¿por qué los camellos tenemos joroba?
—Porque nosotros, los camellos, somos animales del desierto y nos resulta muy útil para guardar agua y nutrientes. De este modo sobrevivimos durante los grandes trayectos en los que no encontramos agua ni alimento.
—Y mamá —prosiguió el pequeño camello—, ¿por qué tenemos patas tan largas y redondas?
—Porque con ellas podemos movernos por el desierto mejor que nadie —dijo orgullosa la madre—. Con ellas caminamos por la arena mucho más fácilmente.
—Y nuestras pestañas, ¿por qué son tan largas y gruesas, resultando molestas en algunas ocasiones? —inquirió nuevamente el pequeño.
—Hijo mío, estas pestañas largas y gruesas para protegernos de las adversidades del desierto. Protegen tus ojitos de la arena y del viento del desierto.
—Pero mamá, ahora lo entiendo menos todavía. Si la joroba es para guardar agua y sobrevivir en el desierto, las patas son para andar por la arena del desierto y las pestañas protegen mis ojos de la arena y del viento del desierto, ¿qué hacemos en el zoológico?
Tus conocimientos, experiencia y habilidades, son más útiles en el lugar correcto. O buscas el lugar donde puedes desempeñarte de la mejor manera y aprovechar tus cualidades… o te tocará cambiarlas.